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La agricultura entendida como sector estratégico frente al cambio climático

05.06.08 REDACCIÓN.

El Secretario General de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA-Andalucía), Agustín Rodríguez, ha reivindicado este 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, el papel que juega la agricultura como sector estratégico eficaz contra el cambio climático, sin olvidar que es una actividad imprescindible para asegurar el desarrollo rural o medioambiental así como el abastecimiento de alimentos saludables y seguros.

Según subraya UPA-Andalucía, desde hace varias décadas se está produciendo el fenómeno del cambio climático, que es una de las principales amenazas para el futuro de nuestro Planeta, caracterizado por un calentamiento global del planeta y un cambio radical en el régimen de las precipitaciones.

Agustín Rodríguez considera que el procedimiento más natural para la lucha contra el cambio climático es la Producción Agrícola, por la función de sumidero de CO2 de los cultivos y la obtención de energías renovables. “El sector agrario andaluz debe jugar un papel de primer orden en la producción de energías limpias y contribuir de esta forma a frenar el cambio climático”, puntualiza.

“En este sentido, la utilización de la biomasa para producir energía y de los biocombustibles para minimizar el impacto contaminante del transporte, responsable del 40% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera, representan un tándem capaz de protagonizar una nueva revolución del medio rural desde el punto de vista económico y ambiental”, esgrime el máximo responsable de UPA-Andalucía. Según las últimas estimaciones, en España las emisiones de gases invernadero han aumentado entre 1990 y 2005 un 48%, lo que supone triplicar el incremento marcado por el Protocolo de Kyoto.

Para UPA-Andalucía, los cultivos agrícolas, tanto los destinados a valorización energética como el resto, son estratégicos para frenar el cambio climático al ser un importante sumidero de CO2 atmosférico —pueden fijar hasta 40 Tm de CO2 por hectárea y año— debido a la fijación de este gas en el proceso de fotosíntesis de las plantas. Interesa por ello mantener cubierto el terreno agrícola con el objetivo de alcanzar los máximos niveles de captación y almacenamiento de CO2. Por su parte, la mezcla de los contaminantes combustibles clásicos derivados del petróleo con los sostenibles bioetanol o biodiésel permiten la reducción de emisiones de CO2 que puede alcanzar e incluso superar el 90%.

El aprovechamiento racional de biomasa —como las podas de olivar y otros residuos agropecuarios y forestales—; la utilización de masas vegetales para biogás y los denominados cultivos energéticos —cereales, remolacha, oleaginosas o proteaginosas—deben constituir un auténtico revulsivo medioambiental, contribuyendo notablemente con el cumplimiento de los compromisos adquiridos por nuestro país en el Protocolo de Kyoto y a garantizar la gestión sostenible de las explotaciones en el marco de la nueva PAC, según ha defendido Rodríguez.

Algunas cifras: nueva fuente de riqueza y empleo

En opinión de UPA-Andalucía, la gestión adecuada de agroenergéticos y biomasa daría un nuevo impulso económico al medio rural, necesitado de nuevas fuentes de riqueza y progreso en un contexto de incertidumbre en los sectores agrarios convencionales. “Estamos hablando de la puesta en marcha de complejos industriales para la transformación de cultivos y subproductos asociados en energía eléctrica o combustibles, así como la creación de numerosas empresas de servicios para abordar cuestiones relacionadas con la logística de estas actividades. Todo ello deberá repercutir en nuevos ingresos para los agricultores tradicionales y más empleo en nuestros pueblos”, argumenta Agustín Rodríguez, quien matiza que el campo de Andalucía tiene sobrada capacidad para liderar “una estrategia comprometida frente al cambio climático”.

Según datos de la Organización Agraria, solamente en biomasa nuestra tierra dispone de un potencial de 1.420.000 toneladas equivalentes de petróleo (tep) a partir de residuos agrícolas; 245.900 tep potenciales en almazaras y 124.000 si gestionamos adecuadamente los residuos forestales. A esto habría que añadir más de un millón de tep que pueden ofrecer otros cultivos energéticos.

A pesar de este potencial, UPA-A lamenta que todavía “seguimos exportando miles de toneladas de subproductos a otros países —sólo en orujo y hueso de aceituna, las cifras superan las 400.000 toneladas al año— donde la retribución a la producción energética renovable es más interesante, con lo que dejamos escapar un enorme valor añadido. A nivel nacional, perdemos el 85% del potencial biomásico mientras que el 15% restante se transforma en otras latitudes”.

Consciente de esta circunstancia, UPA-A apuesta intensamente por la eclosión de las energías verdes en nuestra tierra y demanda a las Administraciones compromiso inversor real, incentivos fiscales atractivos y un marco legal que garantice remuneraciones competitivas para los productores. “Andalucía no puede perder este nuevo tren de las energías renovables”, concluye Rodríguez.

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